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«Traslocando» desmanes o como tirar por la calle de enmedio
Aunque solemos liarnos con la terminología (introducir, reintroducir, desplazar, reforzar) no cabe duda de que nos gusta enredar y además acabar cuanto antes. Que no tengo perdices, las echo, que me faltan corzos, ahí van dos docenas. Que los desmanes andan «ni fu ni fa», llena un caldero grande en Pirineos y lo vuelcas en Gredos. Problema resuelto.

De momento el caldero de desmanes es solo una intención, una pose, aunque no faltan partidarios de tan expeditiva actuación. Pensándolo bien no es tan mala idea.
Se abre el telón. Un cantamañanas se dirige al responsable de la conservación de la biodiversidad del territorio «X»:
– Buenos días. Venía por lo de los desmanes.
– ¿Ha identificado ya la población donante en estado de conservación favorable? ¿Qué criterios ha utilizado? ¿Podría detallarme el impacto que sufrirá la población de la que soy responsable? Y lo más importante ¿Ha traído el caldero?
– ¡Aquí está el caldero!
– Haber empezado por ahí. Proceda pues y que no le vuelva a ver. Buenos días.

El telón se cierra y se vuelve a abrir, y ya tenemos al cantamañanas en el territorio «Y», en la orilla del río, con un caldero lleno de desmanes, a punto de perpetrar la «traslocación». Las autoridades y la banda de música aguardan en sus puestos. El obispo se retrasa dando pie a que el cantamañanas y el responsable del territorio receptor comenten los detalles de la actuación:
– Parece que el tiempo acompaña…
– ¿Qué me trae aquí? ¿Ha tenido en cuenta la peculiar distribución de la variabilidad genética de la especie? ¿Contamos con una planificación de sueltas adecuada en tiempo y número? ¿Conocemos lo suficiente la biología de la especie como para esperar que sobreviva un porcentaje significativo de animales? ¿Se han corregido las causas que propiciaron el declive de la especie en el territorio receptor? ¿Contamos con un plan de seguimiento? ¿Población local y usuarios del río están al corriente y de acuerdo? Y lo que es más importante ¿Ha traído el caldero?
– No sé de que me habla, pero aquí esta el caldero bien lleno ¡Mire, ya llegó el obispo!
– Proceda pues y que no le vuelva a ver. Buenos días ¡Corra, que empieza el himno!
Fin de la obra y cerrada ovación.
Cuentan que la guía que la IUCN ha publicado este mismo año, para orientar actuaciones de este tipo, se ha relajado. Que ya no es tan difícil hacer las cosas bien. Sin embargo, tras su lectura, sigo sin estar convencido de que aquí estemos en condiciones de hacer nada de esto con el desmán ¡Pero si no sabemos ni cuantos huevos pone! Porque ¿pone huevos, no? Como el ornitorrinco…
En fin, toca leer.
Como apunte final. Para nuestra consternación, el Diccionario no incluye aún los términos «traslocar» o «translocar». De momento nos tenemos que conformar con «trasladar». Sí, ya lo sé, suena vulgar, pero es lo que hay. Habrá que hablar con algún académico.
Ahora o nunca
Aquí tenemos Desmania. No, no es una enfermedad, es un proyecto de conservación que tiene al desmán como protagonista. Un proyecto LIFE+, que se dice. Nuestros vecinos franceses tienen un plan para el desmán. Están aprendiendo muchas cosas y quieren ponerlas en práctica. Para ello acaban de pedir su LIFE+. Si consiguen la bendición europea (esperemos que así sea), serán 34 acciones a desarrollar durante cuatro años, a lo largo y ancho del Pirineo. Aquí lo cuentan. Según la astrología china, 2013 es el año de la serpiente. Se equivocan. Es el año del desmán. Ahora o nunca.
Galemys incertus o la incertidumbre como principio
Está claro que Heisenberg era un aficionado a la hora de postular incertidumbres. Los problemas que encontró el físico alemán para medir la posición y el momento lineal de una partícula se quedan en nada si los comparamos con el desasosiego que reina a fecha de hoy en la comunidad de interesados por el desmán ibérico.
Al hilo de la optimista información recientemente revelada, a la que hice referencia sucinta en la entrada anterior, cabe realizar las siguientes elucubraciones.
¿Y si fuera verdad que tenemos pocos datos y que estos son poco fiables? ¿Y si resulta que la supuesta regresión generalizada no es tal? ¿Y si el alarmismo imperante responde únicamente a reflexiones irresponsables, ignorantes e interesadas? Incluso es posible que queden desmanes en Guadalajara, Madrid, Segovia, Ávila, Salamanca, Álava, Vizcaya,… ¿Están al corriente de dicha eventualidad los redactores del catálogo de especies amenazadas?
Quién sabe… Puede que sea cierto que los desmanes van de aquí para allá, suben y bajan puertos de montaña. Incluso es posible que mantengan poblaciones prósperas con densidades ridículas. Tal vez, como apuntan los más optimistas, solo sea cuestión de esperar uno, cinco o diez años y observemos la recuperación súbita y espontánea de poblaciones que dábamos por perdidas. Soñar es gratis, de momento.

Demasiados interrogantes. Ahora bien, que no cunda el pánico, este estado de incertidumbre se alivia, según los susodichos optimistas, con una buena prospección de excrementos. Generalizada y sistemática ¡Nada de trampear! ¡Hay que ser eficientes! Por lo visto, las cagarrutas no nomadean, ni se cambian de cuenca, ni se presentan en densidades ridículas. Se ofrecen, siempre generosas, para que realicemos el diagnóstico del estado de conservación del desmán. El truco está en «saber interpretar los datos».
Desgraciadamente, a fecha de hoy, las cagarrutas son únicamente el testimonio de la presencia del animal1. Por mucho que sepamos interpretarlas, por sí solas dan poco juego ¿Cómo haremos entonces para evaluar el estado de conservación de la especie en una cuenca o en una región? Con las dudas que han surgido sobre el irregular comportamiento espacial del desmán y su baja densidad ¿Cómo es posible identificar poblaciones «fuertes» a partir de la distribución de unos cuantos excrementos? ¿Cuál es el propuesta de los optimistas? ¿Revisar la distribución de los excrementos cada cinco años? ¿Cada diez? ¿Daremos por favorables las poblaciones que ofrezcan 5 excrementos por km? ¿O mejor 10? ¿Qué haremos el día que dejemos de encontrar excrementos en una cuenca? ¿Sacaremos las trampas del desván y las echaremos al río buscando respuestas? Preguntas y más preguntas. Me parece a mí que esto de las cagarrutas no nos está ayudando a despejar el horizonte.
¡Vaya panorama! Treinta años llorando porque desconocíamos la biología de la especie y ahora resulta que nos quejamos porque se trabaja en balde, se desperdician recursos, se trampea a lo tonto, por unos pocos datos – dicen los optimistas. Pero, sean pocos o muchos los datos que se obtengan mediante trampeo, ¿Qué podremos decir del estado de conservación de una población sin la información que esas capturas ofrecen sobre abundancia, estructura de sexos y edades, reproducción o estado sanitario2? Además, pronto se olvidan algunos de que los recientes inventarios realizados mediante trampeo en País Vasco, Galicia, Navarra y La Rioja han proporcionado muestras que están permitiendo realizar la caracterización genética de la especie, abordando aspectos para los que el material que ofrecen los excrementos no es útil.
¿Pero todo esto de qué va? ¿Estamos discutiendo sobre conservación o estos juegos florales obedecen solo a intereses empresariales del tipo «mi método lava más blanco que el tuyo»? Parece que el lío está servido, pero lo que está claro es que, a estas alturas, un flojo ejercicio intelectual como el comentado, plagado de contradicciones, que cuestiona la fuerte regresión que está sufriendo el desmán en las últimas décadas, haciendo hincapié únicamente en aspectos metodológicos e ignorando el principal problema, la destrucción del hábitat, no puede calificarse sino de irresponsable.
1 No tardaremos mucho tiempo en extraer gran cantidad de información de los excrementos (a nivel individual), pero en el caso del desmán aún no es posible
2 La evaluación del estado sanitario, sorprendentemente aún por desarrollar ¿Algún veterinario en la sala?
El desmán de Schrödinger ¿o era el gato?
El interesante artículo que publica la revista Quercus en su número de julio aborda la conservación del desmán desde la perspectiva de la mecánica cuántica. Por lo visto aún no hemos sabido abrir la caja, somos malos observadores, y el desmán podría estar vivo o muerto, o más sorprendente aún, vivo y muerto al mismo tiempo.
Toda una revolución (o tal vez una deconstrucción) la que nos proponen sus autores. Respecto al conocimiento de la situación actual vienen a decir algo así:
El voluntarismo y la precipitación nos habrían llevado al alarmismo injustificado, circunstancia que nos hace ser ineficaces e ineficientes. En España existen pocos datos fiables, se ha buscado poco (y a menudo mal), y se han aventurado presuntas tendencias regresivas con escaso rigor. En este escenario ¿Quién se atreve a decir que en el Sistema Central la regresión ha sido del 10 o del 90%? La situación actual es de incertidumbre. Necesitamos un mapa fiable de la distribución actual de la especie.
Para complicar más el asunto, el desmán, al contrario de lo que se supone, podría seguir un modelo socio-espacial dinámico, comportándose de forma muy sociable y seminómada. Algo bastante lógico, por otra parte. Lo que conduce a que en la práctica, si se encuentra desmán en un tramo y no se vuelve a detectar en uno, cinco o diez años, no está justificado hablar de declive local, podría tratarse de una zona de presencia temporal. Y por si fuera poco, no es descartable el intercambio de ejemplares entre cuencas contiguas, «saltando puertos de montaña».
Tras la lectura de este artículo me surge la duda de si el desmán debe ser considerado como especie cinegética o amenazada. O de si tal vez el pesimismo que practico se debe a estar atrapado en un universo paralelo al de los autores y no tanto a la constatación de que el desmán mas que estar escondido se ha ido quedando sin sitio donde esconderse.
Sea como fuere ¡Bendita caja cuántica, que nos das un rayo de esperanza! Eso sí, yo no la quiero abrir y mucho menos mirar dentro. La mayor parte de las veces que lo he hecho el desmán no estaba. Ni vivo ni muerto. Estaría «nomadeando»…

La genética del desmán. Primeras luces
Que el desmán es un mamífero singular ya lo sabíamos, así que no nos ha pillado de sorpresa lo que hemos encontrado hurgando en sus genes. En principio baja diversidad genética (¡qué raro!) y de segundo plato una marcada estructura filogeográfica ¿Qué quiere decir esto? Los detalles aquí, pero resumiéndolo mucho: No tenemos un desmán ¡Tenemos cuatro! Cuatro linajes mitocondriales que se distribuyen sin mezclarse y que debemos considerar como unidades de conservación diferentes. Salvando las distancias, viene a ser como aquel que sospecha que le vienen gemelos y acaba teniendo cuatrillizos ¡Doble alegría y doble gasto! (como decía él paisano del anuncio de detergente).
En las siguientes imágenes, la distribución de las cuatro unidades de conservación (arriba) y la localización de los refugios glaciares a partir de los cuales se han originado los cuatro linajes (abajo).
Llega esta información a tiempo, ahora que se están desarrollando distintos proyectos de conservación en Francia y en España y surge la inevitable tentación de tirar por la calle de en medio cogiendo animales de aquí para ponerlos allá. Si vamos a enredar que sea con criterio.
Phylogeography and postglacial expansion of the endangered semi-aquatic mammal Galemys pyrenaicus. Igea, J., Aymerich, P., Fernández-González, A., González-Esteban, J., Gómez, A., Alonso, R., Gosálbez, J., Castresana, J., 2013. BMC Evolutionary Biology 13. (pdf)
¿Estamos tontos o qué?
Aunque parezca mentira en asuntos de desmanes no existe una opinión unánime. Una peligrosa mezcla de ignorancia, ingenuidad, irresponsabilidad y algún que otro vendedor de crecepelo hace posible que la incertidumbre sobre el estado de conservación de la especie empiece a «ser un clásico».

Y mientras la casa sin barrer
Ríos «silenciosos»
Rachel Carson publicó en 1962 su Silent Spring y pilló a todo el mundo con el pie cambiado. Catastrofista y fantasiosa, le llamaron. Desgraciadamente no hizo falta mucho tiempo para que se reconociese la oportunidad de sus palabras. En 2010 la estación fue otra, pero la intención la misma. Silent Summer esta vez.
En España no faltan voces que denuncien el declive de nuestro medio natural, sin embargo su influencia es muy limitada. No cabe esperar aquí un Autumn Silent que consiga poner los pelos de punta al personal. Sí hay sitio para informes autocomplacientes como el último de la Estrategia Nacional de Restauración de Ríos en donde restauración, inundación, divulgación, prevención e investigación se mezclan, agitan y retuercen para «alcanzar los objetivos medioambientales de la Directiva Marco del Agua».
Y mientras nuestros ríos sin noticias de Dios, que se dice. Más de los mismo. Cada vez menos ruidosos, con menos vida, menos insectos, menos peces, menos desmanes. Estremece saber que detrás de imágenes tan atractivas como las que siguen se esconde la tragedia de nuestra desvergüenza. Aunque parezca mentira estos son ríos silenciosos. En ellos echamos a faltar muchas cosas. Los desmanes fueron los primeros en desaparecer, por supuesto.
¿Otra amenaza fantasma?
Un colega, al que le tengo mucha fe, me dijo hace tiempo que cuando la lista de presiones y amenazas «nos sale» muy larga es porque no tenemos ni idea de lo que realmente está pasando.
En el caso del desmán, la lista corta no es. Para qué nos vamos a engañar. Y no hace mucho nos ha dado por incluir al visón americano, al que acusamos de poner en peligro a todo lo que se menea. Y en algunos casos no faltará razón, pero en lo que se refiere al desmán se me antoja que estamos exagerando los méritos del invasor admirable.

Nadie duda que si se presenta la ocasión el visón se zampará al desmán. Ahora bien, otorgarle el honor de ser el causante principal de la desaparición de los desmanes en algunas regiones es mucho decir. Sobre todo con el castigo que hemos dado y seguimos dando a nuestros ríos.

El visón americano mantiene poblaciones estables en tramos medios y bajos, generalmente por debajo de los 1.000 m de altitud. Las poblaciones de desmán se extienden en un rango de altitud más amplio. Para el desmán, el visón va a suponer una presión más de la larga lista a la que atribuimos la pérdida de calidad del hábitat. Ningún favor le hace su presencia, pero no caigamos en la tentación de darle más importancia de la que realmente tiene y afinemos la lista de sospechosos ¿A ver si va a ser la nutria o el cárabo, o la garza, o el gato del cura…? Hay que trabajar más.
Las cuentas del desmán
El declive del desmán es un hecho incontestable. En algunas regiones ha desaparecido por completo (sur del Sistema Ibérico) y en otras está a punto de hacerlo (Sistema Central). Revisiones recientes de la distribución en Galicia, Navarra, País Vasco y La Rioja apuntan también en la misma dirección. Dicha regresión se refiere al área ocupada. No contamos con estimaciones de la abundancia a nivel general y algunas de las que se realizan a escala local se hacen suponiendo una densidad media del rango conocido y la ocupación continua de una serie de tramos que se identifican como hábitat potencial. No es mala referencia, pero no deja de ser la capacidad de carga de dicho hábitat. Una estimación conservadora que puede estar muy por encima del tamaño real de la población.
Al desmán le suponemos ligado inexorablemente a tramos fluviales con unas características determinadas que forman redes más o menos extensas, que están sufriendo un proceso de fragmentación. El desmán ocupa cada vez redes fluviales más pequeñas, por lo que inevitablemente surge la pregunta ¿Cuál es el tamaño critico de esa red, por debajo del cual la supervivencia de los desmanes no es ya posible? No lo sabemos con exactitud, pero se puede hacer un cálculo sencillo que nos permitirá aproximarnos a la respuesta que buscamos.
Los valores de densidad poblacional que aportan distintos estudios oscilan en el rango 1-8 individuos/km. No obstante, aquellos que recogen información de trampeos intensivos señalan el rango 3-5 ind/km como una mejor referencia de la abundancia de la especie en condiciones favorables (1,2). Como no nos importa pecar de optimistas utilizaremos el valor mayor del rango (5 ind/km) y consideraremos la ocupación continua del tramo. Así, para tener una población de 500 individuos necesitaríamos un tramo de 100 km de hábitat favorable. He elegido 500 porque es uno de los valores de referencia habitual a la hora de estudiar el tamaño poblacional necesario para mantener la variabilidad genética de una población. Los expertos están de acuerdo en que no hay números mágicos (3), pero por otra parte la información que se va acumulando nos dice que en el caso de vertebrados 50 individuos no son suficientes y que algunos centenares podrían garantizar la supervivencia de una población al menos a medio plazo (50, 100 años). Echando mano de la discutida regla 50/500 podríamos considerar los límites del rango 10-100 km como referencias para valorar la viabilidad de una población de desmán. Por debajo de 10 km de hábitat potencial el desmán desaparecería y por encima de 100 la variabilidad genética estaría garantizada. Dentro del intervalo queda mucho espacio para la incertidumbre. Sin embargo, hoy tenemos la certeza de que la degradación generalizada de nuestros ríos ha provocado que predominen mayoritariamente los tramos favorables de pequeño tamaño (los que solo alcanzan para acoger algunas decenas de desmanes). ¿Alguien podría asegurar que conoce dos tramos distintos de más de 100 km de hábitat favorable? Si a esto unimos la experiencia de haber visto desaparecer en los últimos 20 años un buen número de pequeñas poblaciones aisladas en pequeños tramos y el hecho de que no se ha corregido ninguna de las presiones identificadas (todas siguen actuando y muchas de ellas con la máxima intensidad conocida). ¿Quién se atreve a dudar de que existe hoy un alto riesgo de que veamos extinguirse al desmán?
(1) Nores, C., Ojeda, F., Ruano, A., Villate, I., González, J., Cano, J. M., García Álvarez, E., 1998. Estimating Galemys pyrenaicus population density in four Spanish rivers. J. Zool. Lond., 246:454-457.
(2) Stone, R.D., 1987. The social ecology of the Pyrenean desman (Galemys pyrenaicus) (Insectivora: Talpidae), as revealed by radiotelemetry. J. Zool., Lond., 212:117-129.
(3) Flather, C.H, Hayward, G.D., Beissinger, S.R., Stephens, P.A., 2011. Minimum viable populations: is there a ‘magic number’ for conservation practitioners? Trends in Ecology & Evolution, 26 (6): 307-316.
¿Por qué desaparece el desmán?
Sucesión de acontecimientos que a grandes trazos nos han llevado a donde estamos. No describo aquí el caso concreto de ningún río. Eso sí, lo relatado es fiel reflejo de la realidad, que, como siempre, supera a la ficción. Al río protagonista llámale Pisuerga, Najerilla, Ulla, Irati o como te apetezca. Cualquiera que sea el nombre que utilices no te vas a equivocar.

1940-1960
Estamos en un río de la mitad norte de la península. El desmán ocupa de manera más o menos continua aproximadamente 150 km de cauces de distinta entidad en las zonas media y alta de su cuenca. Son años difíciles. El país se recupera de una guerra y la tierra se trabaja hasta el último rincón. Hace falta leña y los sembrados alcanzan las orillas de los cauces. Ríos y arroyos ven reducida la vegetación de ribera a la mínima expresión.
El agua baja aún limpia. Los únicos vertidos contaminantes proceden de los lavaderos municipales, de los puntos donde abreva el ganado y de la «pequeña industria artesanal» de la zona (tenerías, queserías, mataderos). El desmán encuentra en gran parte de la cuenca la oferta de refugio y alimento que necesita. No todo es hábitat óptimo, por supuesto. Existen algunos puntos negros, muy localizados. Además de los vertidos contaminantes mencionados, desde principios de siglo se aprovechan los caudales de un buen número de arroyos de cabecera para la producción de energía eléctrica. Los azudes asociados a estos aprovechamientos y las detracciones de caudal alteran la estructura y la dinámica natural del río, pero dado el pequeño tamaño de estas explotaciones el desplazamiento de los desmanes a lo largo de la cuenca aún es posible y se corrigen de forma natural pequeñas extinciones locales.
El río ofrece proteína barata en forma de truchas, anguilas, barbos,… Algunas familias se dedican a la pesca fluvial de forma profesional y abundan los aficionados a esta actividad. Las artes mayoritariamente empleadas son nasas, butrones, garlitos, trasmallos, esparaveles, líneas de anzuelos,… El desmán es víctima frecuente de estos métodos.

1960-1980
El desarrollo y la «pertinaz sequía» hacen que en todo el país se multipliquen los grandes embalses. A nuestra cuenca también le ha tocado. No uno de los mayores, pero su situación y extensión es suficiente para dividir la red de cauces que ocupa el desmán en varios fragmentos que quedan irremediablemente aislados. Y es que el tramo embalsado es una barrera insalvable para el desmán. Sus aguas mansas y profundas, las continuas variaciones del nivel del agua y la inestabilidad de las orillas configuran un escenario sumamente hostil. Los fragmentos de hábitat favorable resultantes no son iguales. El más grande se extiende 50 km, dos que le siguen en importancia cuentan con 20 y 30 km de longitud y seis pequeños arroyos de no más de 5 km desembocan ahora directamente en el embalse.
El agua corriente llega ya a todas las viviendas de los pueblos de la cuenca y es devuelta al río sucia. Residuos orgánicos, jabones, aceites,… son vertidos de forma continua, regular y concentrada provocando un impacto notable en los afluentes de menor entidad. Esta transformación afecta en mayor medida a la zona media, pero la cuenca alta no se ve libre de ella.
La zona alta de la cuenca, de difícil acceso e improductiva para las posibilidades de la época, hace décadas que perdió su cubierta forestal. Ésta ha quedado reducida a pequeñas manchas de algunas decenas de hectáreas que se refugian en barrancos y escarpes. Se desarrollan entonces planes de reforestación. Previendo un rendimiento rápido, se eligen especies exóticas de turno corto.
En estos años se unen a las artes de pesca tradicionales el uso de lejía y de cal viva. Los efectos sobre los invertebrados de los que se alimenta el desmán son devastadores.

1980-2000
Si bien la despoblación ha afectado significativamente a la región, algunos pueblos, sobre todo en la cuenca alta, reciben en los meses de verano un gran número de visitantes. De este modo, el vertido de aguas residuales aumenta en gran medida durante el estiaje, cuando los ríos son más vulnerables. La depuración alcanza únicamente a la localidad principal de la cuenca y no existe una red de saneamiento consolidada.
Llegan a turno los primeros cultivos forestales. Los trabajos para su aprovechamiento movilizan un gran volumen de materiales finos que son arrastrados por el agua de lluvia, alcanzando los cauces. En lo sucesivo este fenómeno se producirá de forma continua (con periodicidad estacional) modificando sustancialmente la estructura de los cauces de la cuenca alta (cambiando su granulometría), llegando en situaciones extremas a cegarlos.
La red de carreteras sufre una mejora sustancial en la región. Los fondos de valle son los más afectados, aumenta el número de cruces sobre los cauces y la amplitud de los márgenes ocupados. Algunos arroyos son canalizados.
La integración de España en la Unión Europea exige la reestructuración del sector ganadero. En la cuenca, el vacuno de leche deja de explotarse de forma doméstica para hacerlo de forma industrial. El número de granjas se reduce significativamente, pero las explotaciones que subsisten son de grandes dimensiones. Generan un gran volumen de residuos orgánicos que encuentra difícil acomodo en la legislación y en cualquier otra parte. La solución es utilizarlo masivamente como fertilizante en los cultivos herbáceos de la zona. El inevitable exceso es recibido periódicamente por las aguas subterráneas y superficiales que alcanzan así un elevado nivel de contaminación.
Pese a que existe normativa que regula la pesca fluvial, la actividad furtiva no ha disminuido, si acaso no se practica de forma tan conspicua, y se concentra en determinadas especies y épocas del año.
Se realizan en España los primeros atlas de vertebrados y los primeros inventarios de especies amenazadas. Los resultados en nuestra cuenca no son positivos para el desmán. Solo es posible confirmar su presencia en el fragmento principal y en uno de los secundarios. Los pequeños arroyos que quedaron aislados por el embalse apenas pudieron acoger unos cuantos desmanes y estos grupos languidecieron y desaparecieron rápidamente. Un estudio de la calidad del hábitat evidencia un deterioro general de la cuenca. Los tramos que cuentan con hábitat óptimo suman un total de 30 km, lo que representa una reducción del 80%.

2000-2013
Se revisan las concesiones de agua de las 19 minicentrales activas en la cuenca. A 16 de ellas se les amplía el caudal que pueden aprovechar. Los caudales mínimos ecológicos impuestos para los tramos afectados en ningún caso superan el 20% del caudal medio estimado para los últimos 30 años. El efecto negativo de estos aprovechamientos alcanza en este momento su máxima intensidad. La sucesión de incumplimientos por parte de las minicentrales junto con la incapacidad de la administración para imponer sanciones disuasorias conduce a episodios catastróficos en los que tramos de varios kilómetros de longitud quedan sin agua. Aún así la propaganda oficial de las distintas administraciones y la de las empresas productoras sigue insistiendo en la bondad de este tipo de energía a la que califican de verde, limpia y renovable. El consumidor traga complaciente.
Ante el auge del turismo de montaña en la región, se desdobla la carretera que discurre junto al cauce principal en un tramo de 35 km. Las obras, que duran 22 meses, provocan un grave impacto en la estructura del cauce y las márgenes. Escolleras y muros de distinta tipología acompañan al río en gran parte del tramo. La pérdida de naturalidad alcanza su nivel máximo.
La depuración de aguas residuales alcanza a las principales localidades de la cuenca. Ante la imposibilidad de recoger todas ellas en un colector que las centralice en una única depuradora, se construyen pequeñas plantas de depuración con un modesto nivel de eficacia. Eso sí, su vertido cumple en ocasiones los parámetros mínimos establecidos por la normativa europea.
El cambio de siglo trae consigo la consolidación de la normativa ambiental europea. La Red Natura 2000 comienza a ser una realidad. Gran parte de la cuenca es declarada Zona de Especial Conservación. Contando con financiación europea y vinculado a la gestión de la Red Natura se ejecuta en la zona media de la cuenca un proyecto de recuperación del ecosistema fluvial. Dicho proyecto contempla la restauración de 200 m de margen (anteriormente ocupado por una cantera), el soterramiento de un tendido eléctrico y la eliminación de dos de los 38 azudes que existen actualmente en la cuenca. Los resultados esperados en el caso de la conservación del desmán son insignificantes.
Se suceden los trabajos de diagnóstico del estado de conservación de especies amenazadas. En el caso del desmán, en nuestra cuenca solo es posible detectarlo en uno de los tramos. Un estudio de la calidad del hábitat revela que el hábitat óptimo ha quedado reducido a un tramo en cabecera de apenas 8 km de extensión. En el resto de la cuenca no es posible observar ya los rasgos mínimos imprescindibles para considerar la posibilidad de que se pueda mantener la especie.

Año 2020
El desmán y su hábitat han desaparecido de la cuenca. Todas las presiones que ocasionaron su desaparición siguen actuando. No obstante, la autoridad competente afirma, en los actos de clausura del Año Internacional de los Ríos, que la programación del plan hidrológico se desarrolla según lo previsto y no hay motivos para pensar que no se lleguen a cumplir los objetivos medioambientales que establece la Directiva Marco del Agua. El fulano luce orgulloso en la solapa una chapa conmemorativa del evento. En ella un desmán rampante acompaña al lema «Los ríos son el futuro».





